Saturday, May 5, 2012

Reflexión repentina




Ayer mi vecino me regaló un libro de una paisana mía, Elizabeth Kübler-Ross, y con su cara siempre sonriente añadió un cálido "te ayudará mucho, ya verás". Mientras una voz me decía desde dentro que 'qué iba a saber él, si necesitaba ayuda o no', ya le estaba dando las gracias por el regalo.
No sé muy bien por qué pero me puse a leer nada más cerrar la puerta, sentada en el sofá, medio incómoda. Después de tan solo tres páginas cerré el libro, invadida de repente por la necesidad de empezar a escribir. El texto que expongo abajo es el resultado de esa epifanía.



Siento, indudablemente, que hay algo que intenta salir, escaparse desde mi corazón, de liberarse. No tengo muy claro qué podría ser. ¿Mi felicidad perdida? ¿Mi honestidad infantil? ¿La niña que solía ser y que volvería a ser si pudiera?

Siempre en primavera me asaltan sentimientos de nostalgia. Será por cómo despierta todo, por cómo brilla el sol, por el cantar de los pajaritos o por los sonidos familiares que entran por las ventanas abiertas. No hay necesidad de mantenerlas cerradas con la esperanza de no sufrir el frío invierno.
Con cada primavera siento que llega un nuevo comienzo. Siento que no importa que haya muerto mil veces, porque con los primeros rayos de sol vuelvo a renacer, y aunque sea solo para oler la hierba recién cortada. Me hace feliz y ojalá nadie me saque de mi felicidad. Sin embargo, a veces parece que esa felicidad acaba en la puerta de mi pequeño refugio. Estas cuatro paredes me dejan viajar sin miedo al mundo y disfrutar de un recuerdo lejano, pero solo en mi amada Suiza es dónde realmente consigo vivir la primavera como si fuera la primera vez.

He aprendido mucho en los últimos años y sé que no estoy aquí por obligación, sino por elección propia, consciente, aunque embriagada por diferentes motivos.
No sería feliz en una primavera eterna.

También he aprendido que me valgo por mí misma, que no necesito a nadie a mi lado. Es precioso compartir el camino con personas amadas, pero no hay nada como conocer el significado profundo de la palabra 'soledad' y lo que realmente conlleva.
Estar solo es bueno mientras no sea una soledad forzada. La posibilidad de compartir mi camino la aprovecho, porque sé que la felicidad compartida se multiplica y el dolor se divide. Y aún así tampoco hay que forzar la compañía.

Doy gracias a las cosas que me han pasado y que me han hecho mucho más fuerte y robusta de lo que ya era por debajo de mi máscara infantil e inocente. Al fin y al cabo son nuestras vivencias las que nos moldean y las mías han sido muy variadas hasta el momento.

No me puedo fiar ni de mi sombra, lo sé. He aprendido que hasta tu mejor amigo te puede abandonar y que al final lo que importa es cómo nos tratamos a nosotros mismos, cuánto nos queremos. Los demás no importan; aunque duela reconocerlo.
Llegada a este punto sé que no necesito a nadie para ser feliz, siempre que sepa encontrar un rayo de sol después del invierno y reconocer los olores y colores de una vida que me ha formado mucho antes de tener que enfrentarme a la cruda realidad fuera de las cuatro paredes que construían mi niñez.



Hay frases que te llegan a conmover en lo más profundo de tu existencia; más que nada porque sabes que se escribió para ti, con la excusa de querer escribir un libro y esconderla para que tú, por casualidades de la vida, la encuentres.


"Cuando se aprende la lección, el dolor desaparece."

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